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Ensayos |
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| Presencia escénica |
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En sus inicios, la actriz y el actor deben luchar contra la sensación, generalmente fundada, de que su actuación es insuficiente. Han aprendido a comprender la situación y el personaje, se concentran en sus acciones y se desempeñan con fe y sentido de verdad; y sin embargo, su trabajo es simplemente natural, y da la impresión de carecer de peso. No está totalmente en el escenario; la inseguridad, el nerviosismo, las dudas acerca de sí, todavía retienen gran parte de su energía y grandes zonas de su ser. La persona que actúa está contenida, reservada, y sostiene sus palabras y acciones a través de un gran esfuerzo; al mismo tiempo, se observa a sí misma constantemente y teme cometer errores.
Entonces su actuación no contiene uno de los encantos más notables del trabajo actoral: la presencia escénica, esa sorprendente cualidad de la persona que se actúa ante otras, hecha de confianza en sí mismo, desparpajo, impudicia, expresividad, apertura emocional, desfachatez y desprejuicio, y que llevan al espectador a admirarlo, envidiarlo, y considerarlo una persona más audaz, más valiente, más abierta, más sensible y sin los temores y trabas de la gente corriente.
Sin presencia escénica el texto se dice, pero la palabra no llega; el gesto se hace, pero la acción no atrae, la emoción se siente, pero ese sentimiento no conmueve. Porque no se está del todo allí. Siempre falta algo; el humor, la intención, el sentimiento, la fuerza, los pequeños detalles.
La naturalidad y el sentido de verdad requieren el peso de la presencia escénica, que da verosimilitud y credibilidad, interés y expresividad a las palabras, los gestos, los movimientos y las acciones simplemente porque las impregna toda la persona. Actrices y actores con presencia escénica salen de su mundo real para entregarse con toda su energía al mundo de ficción, y vivir en él.
La presencia escénica se tiene a veces naturalmente, cuando se es uno de los pocos dotados por la naturaleza desde el comienzo; la clave del brillante desempeño y los logros iniciales es esa personalidad capaz de concentrarse y accionar sin interferencias, que siempre incluye un desparpajo, seguridad y confianza en sí muy evidentes, generalmente acompañando un ser de condiciones personales especialmente atractivas.
Los años, el oficio, la experiencia, la técnica, van disminuyendo la inseguridad y la desconfianza en sí mismo, y dando gradualmente al actor y la actriz esa presencia que al principio no tienen; algunos, por exceso de inseguridad o por indolencia, jamás la adquieren, y son simplemente naturales y verdaderos, pero no atraen al público, cumplen su parte, pero no están ahí, no interesan ni atraen.
Cuando se ha adquirido además de la verosimilitud y la naturalidad, técnica y presencia, y se encara los primeros compromisos profesionales, aparece un peligro; que para resolver las exigencias de la profesión, se elabore un sistema, una personalidad escénica, un personaje constante, y un repertorio de soluciones. Surge un actor seguro, confiado, expresivo y creíble; pero siempre el mismo, con pocos detalles, y al borde constante de la exageración; un recurso genuino, repetido hasta el hartazgo, se vuelve un estereotipo. Muchas actrices y actores se establecen en este plano y allí se quedan.
El actor y la actriz que buscan llegar al plano artístico, van más allá: se transforman, y hacen aparecer alguien, a quien milagrosamente el público confunde con él mismo. Ese ser vivo y distinto, mezcla de la personalidad del actor, surgido de su cuerpo y su espíritu, y al mismo tiempo identidad distinta en una historia de ficción, con un carácter reconocible y generador de emociones, tiene una condición casi mágica. Se lo llama "el gran personaje", y es más poderoso, más atractivo, más luminoso y potente que cualquier persona humana de la realidad.
Los seres humanos reales están velados, y aparecen borrosos, a causa de la opacidad de la vida cotidiana, la inexpresividad del espacio inabarcable y del tiempo de extensión ilimitada. El personaje escénico brilla durante una hora, en un marco acotado y exacto, enfocado e iluminado, y expuesto en los momentos de su mayor intensidad. Y es un poderoso conglomerado de energía humana, la del autor que lo concibió y escribió sus palabras, la de los seres humanos reales que lo inspiraron, la del actor que lo interpreta con su energía y talento. Satisface esa necesidad que, más allá del entretenimiento, impulsa a todo espectador que ama el teatro: la de conocer mejor, a través del arte, la experiencia humana. |
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| Luis Agustoni tiene su taller en el Teatro "El Ojo" y se dedica a formar actores hace mas de 20 años. |
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