 |
|
|
| |
Ensayos |
  |
| |
| Versatilidad |
 |
| |
Cada artista desarrolla su obra imprimiéndole su sello. Cada hombre va descubriendo, a través de su trabajo, su estilo personal, es decir, las características y condiciones que lo inclinan para ciertos y determinados trabajos, y la manera propia en que habitualmente resuelve esos trabajos con los recursos de su saber y su experiencia. Al mismo tiempo, su carácter, su temperamento y sus convicciones impregnarán la forma y el contenido de su quehacer. A esta amalgama de disposiciones, elecciones, hábitos, recursos y modalidades, llamamos el estilo de un artista.
A nadie se le ocurriría reprocharle a Leonardo Da Vinci que sus cuadros se parezcan entre sí. Nadie compra una novela de Raymond Chandler esperando un poemario romántico, y sería absurdo denostar a Beethoven porque la 7° Sinfonía suene más parecida a la 5° que al Bolero de Ravel. Dentro mismo del teatro, los que buscan una obra de Tennessee Williams se confundirían al encontrarse una tragedia en verso, y los amantes de Armando Discépolo no se alegrarían de verlo escribir un auto sacramental.
Sin embargo, se suele criticar al actor por no ser capaz de actuar todos los personajes, por tener un temperamento, un carácter, disposiciones, preferencias: un estilo. Se le niega el derecho a ser respetuoso de sí mismo y a definir una obra artística. Hay actores versátiles por temperamento y disposición, y actores que sólo pueden abordar un personaje, o un rango muy restringido de personajes, pero que igualmente son muy populares porque representan un fragmento definido del alma colectiva.
Esos actores dan cuerpo y voz a un aspecto determinado del cuerpo social al que pertenecen; son portadores de su identidad, y el pueblo los ama por ese personaje y se los agradece, y espera verlos haciéndolo en cada uno de sus trabajos. Esos actores no son libres de hacer lo que les da la gana, tienen que dar al público aquello que le han prometido, tienen que satisfacer la expectativa creada: el público concurre a verlos hacer aquello que ama verlos hacer. Por otro lado, no pueden hacer otra cosa, porque su cuerpo y sus disposiciones se lo impiden; existen tipos humanos, edades y características diferentes, y es muy raro el actor que pueda con todas.
Sin embargo existen; son unos pocos y muy grandes, aquéllos de quienes se espera la sorpresa de una creación nueva en cada uno de sus trabajos, y se los va a ver con la pregunta: ¿con qué me va a sorprender ahora? Son ejemplos actuales muy destacados de esta gran creatividad los actores ingleses: Daniel Day Lewis, Kenneth Branagh, Gary Oldman, Anthony Hopkins, como también nunca nos defraudaron las ya veteranas Meryl Streep, Susan Sarandon, Jessica Lange, siempre seres diversos en cada una de sus creaciones. Entre nosotros, Oscar Martínez, Julio Chávez, Mercedes Morán, Inés Estévez, (todos actores a quienes tuve la suerte de dirigir) dominan el arte de ese cambio asombroso de apariencia y personalidad que es la creación de un rol.
De otros, de los más, se espera aquello por lo que se los consagró. A veces es el simple flujo de su personalidad, a veces es un personaje acostumbrado: Carlitos Chaplin haciendo el Vagabundo, un único personaje sin el cual el arte mundial se hubiera empobrecido, Humprey Bogart, cuyos detectives y maleantes eran siempre los mismos, el siempre atormentado Michael Douglas, el eternamente heroico Harrison Ford, el confundido Daniel Auteil, el sufriente Johnny Depp. Nadie esperaría un rudo peleador de Woody Allen, un enfermizo tímido de Clint Eastwood, un héroe trágico de Robin Williams. Tienen su estilo, su tipo, su voz y estilo inconfundibles, que ya les conocemos. Y el personaje que hacen para nosotros, en general ya lo hemos visto. Mientras lo hagan bien, ¿para qué pedirles más? |
| |
|
|
| |
| |
|
|
| |
| |
| |
|
|
| Cursos de teatro |
| |
 |
| |
| Luis Agustoni tiene su taller en el Teatro "El Ojo" y se dedica a formar actores hace mas de 20 años. |
| |
|
|
|
| |
|
| Ensayos |
| |
| |
| Ultimas adiciones |
| |
 |
| |
|
 |
| |
|
|
| |
|
| |
|